Déjalo todo y sígueme...

"Puedo destruir el templo y reconstruirlo en tres días", con estas palabras Jesús de Nazaret se dirigía al Sanedrin, el consejo de sabios de la época que guiaban la conducta y el buen hacer del pueblo judío, según las leyes recibidas en el monte Sinaí por Moisés.

Pero que hay de cierto en esta alegoría? Sí prestamos atención descubriremos que el templo era el lugar de culto más importante, que contenía las sagradas escrituras recibidas para el pueblo judio, la Torah. La Torah no sólo recoge el conocimiento de todo un pueblo durante su éxodo sino también las doctrinas de los antiguos cananitas, que son conocidas en la actualidad como el pentateuco. Estas son una alegoría para purificar, sanar y curar el cuerpo físico, y para desarrollar la construcción de la mente consciente. 

El templo simboliza el cuerpo físico y la Torah el desarrollo de la consciencia, desde los diferentes grados de evolución que está tiene, como los usos, las costumbres, las normas y las leyes que organizan la vida en comunidad y que crean el recuerdo y la memoria con la que la mente puede tomar decisiones, proyectarlas y crear la realidad de la vida.

Pero no hay dos sin tres, tenemos el cuerpo, la mente, y nos falta el espíritu. El espíritu es la esencia que nos impulsa a vivir, y vivimos porque somos seres sintientes, no somos indiferentes a nada de lo que ocurre a nuestro alrededor, por lo que en la condición humana, los seres humanos somos la proyección del espíritu. 

El templo y sus sagradas escrituras no sirven de nada si no son para ser transmitidas, y para ello deben ser escuchadas, comprendidas y puestas en práctica por aquellos para las que fueron escritas, en este caso el pueblo judío. Que representa en esta alegoría el espíritu.

Sin embargo hace más de dos mil años Jesús cambio una lección por una enseñanza. La lección de Moisés, sólo servia para paliar el sufrimiento del tipo de vida que el pueblo judío arrastró de generación en generación durante su éxodo. No creaban nada nuevo sino que sus tablas de la ley se limitaban aleccionar a su pueblo. Las lecciones son verdades basadas en el conocimiento adquirido por el simple hecho de haberlo vivido, no necesariamente se ha tenido que comprender lo ocurrido, y por esto al ser transmitidas deben servir de ejemplo, no pueden trascenderse, sólo obedecerse pues la consciencia de la humanidad que las necesita en dicho momento no tiene capacidad de comprensión, no puede evolucionar la consciencia de la realidad y tener un tipo de vida más plena.

Fíjate que las leyes decían cosas como no matarás, no codiciarás, no cometerás adulterio...etc. No hace falta ser muy listo para saber lo que ocurría en aquel momento, es decir que entre ellos se mataban, se tenían envidia y se eran infieles. Y como la consciencia no podía ir más allá la ley sólo penaliza el hecho, no intentaba que se comprendiera porque no eran necesarias dichas experiencias. Sin embargo la enseñanza esta basada en la comprensión individual.

Pero que recompensa hay en limitarse a obedecer dichas leyes? Ninguna, simplemente se acaudilla a un pueblo y se le quita el regalo divino del uso del libre albedrío. Por lo que Jesús modificará esta lección por su nueva enseñanza basada en las bienaventuranzas cuyo marco de acción es el contexto histórico de la época tanto a nivel moral como cultural, religioso y político tocando todos los estadios de la vida pública y privada judía. 

Toda enseñanza esta basada en ley de ensayo y error. Es a través de la práctica en la vida del conocimiento que uno se hace sabio. Así se obtiene sabiduría y no sólo información, y así sabes lo que eres y lo que quieres en la vida. Por lo que cualquier enseñanza debe ser trascendida, puesta en práctica por el aprendiz o discípulo para verificar si la información que contiene es cierta y crea una vida en armonía.

Se dice que Moisés baja del monte Sinaí una ley para un pueblo, pero la diferencia con la enseñanza de Jesús es que está es abierta, flexible y para toda la humanidad. Las leyes de Moisés no transcienden el sufrimiento, por lo tanto la saturación de la mente en la tal palpable dualidad de la época creará gran cantidad de enfermedades. Primero porque la elección no se hace de forma individual y valorada desde la honestidad, es decir habiendo comprendido cada experiencia tenida desde el corazón y la mente, sino que se toma condicionada por unas leyes tan rígidas que se simbolizan con dos tablas de piedra.

Y como no hay comprensión sino una extrema dualidad el alma se enferma por la ausencia de libertad emocional y frustración creativa, creando la enfermedad física. Es curioso apreciar aquí que lo poco que se conoce de la vida pública de Jesús es que él y sus más íntimos eran unos grandes sanadores, médicos del alma, que comprendían las emociones y la forma de vida que enfermaba a sus congéneres, por lo tanto eran grandes intérpretes de la Torah y la mística judía de la época, grandes conocedores de su historia pero en esencia eran unos revolucionarios que no deseaban cambiar una religión por otra, sino crear la evolución de la consciencia desde la comprensión, es por eso que eran tan compasivos y altruistas. 

Hace más de dos mil años que la enseñanza de Jesús permitió alterar la consciencia colectiva de la humanidad para cambiar la mente dual por la mente consciente o lucida y provocar así la evolución del cuerpo físico ya no en su forma y en su estructura sino en su bioquímica, en la función de los órganos vitales y en el campo electromagnético y magnetoelectrico, que hoy se conoce como ADN.

Y para ello transgredir las leyes de Moisés fue lo primero que Jesús hizo públicamente para intentar cambiar la mente dual por la mente consciente. La mente dual está basada en los instintos de supervivencia y en el recuerdo, su campo de acción es el tiempo pasado; esto activa el cerebro de defensa y ataque, lo que conocemos como cerebro reptil o cerebelo. Sin embargo la mente consciente que está alojada en el lóbulo frontal, en la glándula pineal y su amígdala cerebral, albergan la capacidad creativa en el tiempo, por lo que su campo de acción es el futuro.

Sin el peso del pasado y la dualidad, la enfermedad no tiene sentido. Es por eso que Jesús no sólo se dedicó a transmitir la nueva enseñanza sino que la puso en práctica públicamente a través de la curación que aprendió en lo que conocemos como sus años perdidos. Posteriormente esta etapa de su vida se recordará como sus milagros. 

Debes entender que cualquier enfermedad tiene el propósito de cambiar trascendentalmente la vida, pero la enfermedad contiene la información de una experiencia vital sufrida y no comprendida en el pasado, que no te ayuda a mejorar tu vida en el presente. Llegado a este punto podemos decir que una enfermedad es una lección no una enseñanza. Recuerda que una lección no contiene comprensiones y no puede alejarte del sufrimiento por lo que esto al final creará la enfermedad.

Por eso Jesús transmitió ciertas enseñanzas esotéricas para crear un estado de purificación mental y física donde la enfermedad no tuviera sentido, él solía decir: "Déjalo todo y sígueme pues lo viejo no puede convivir con lo nuevo. No llenes los odres viejos de vino nuevo porque el vino joven los romperá, vino viejo en odres viejos y vino nuevo en odres nuevos. Confía en mis palabras y lo demás vendrá por añadidura..."





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