Cuando la mente despierta...

Toda vida tiene un propósito, toda vida esta vinculada por lazos de amor tejidos de generación en generación, desde nuestros ancestros hasta nuestros hijos y sus hijos, nuestros nietos, creando un entretejido de carácter sagrado, un linaje ancestral cuyo fin es mejorar la forma de vida, para vivir desde el corazón con una mayor honestidad en nuestros actos promoviendo la igualdad, y la libertad con un carácter de amor universal o fraterno.

Sin embargo este lugar donde reina la sabiduría y el amor, sigue pareciéndonos un lugar mágico y externo, pero reside en lo más profundo de nuestro interior y todas nuestras intenciones o acciones creadas desde este punto nos acercan a manifestarlo en la materia.

Todo camino de búsqueda interior tiene diversos propósitos entre estos mostrar al iniciado quien verdaderamente es y cual es su verdadera utilidad en la vida.

Este proceso vital comienza desde la infancia y hasta la adolescencia desarrolla el carácter y la predisposición a la acción. Se crean las capacidades y las incapacidades que serán fundamentales para trascender la vida. Estas informaciones a través de las vivencias desde el nacimiento se acumulan en los campos de energía alrededor del cuerpo físico formando parte del campo psicosomático del ser humano. 

Este es el campo de información más vulnerable que poseemos y contiene las emociones y pensamientos acumulados sin consciencia, desde el ego, entorno a lo bueno o malo que nos haya ocurrido y causa los primeros síntomas de sufrimiento en la vida, y que a través del dolor o la enfermedad se manifiestan en el cuerpo físico.

Además de repercutir en bloqueos de las correspondencias vitales que se imprimen desde el nacimiento hasta alrededor de los siete años de edad en el cuerpo de luz o ADN, es decir en el cromosoma. Este proceso condiciona el hemisferio izquierdo y racional entre lo que nos han transmitido como lo bueno o lo malo.

Debemos comprender que lo que nos han transmitido como bueno o malo sólo sirve para crear una memoria vital que se almacenada en el lóbulo temporal de dicho hemisferio. Esto crea un camino de dirección única que nos permite a cada uno por lo transmitido desde el nacimiento, por el lugar y el tiempo donde nacimos, por la familia y su política, por su forma de hacer y por los condicionamientos filosóficos o religiosos que vivamos según una estructura precisa. Este hecho crea bordes a los lados de este camino; más allá de estos bordes o condicionantes, es donde reside la magia de la vida, lo verdadero y todo un mar de posibilidades por navegar. Pero por supuesto nosotros no nos atrevemos a trascenderlos. 

la falta de atrevimiento manipula nuestra realidad, la condiciona, la hace determinante y no libre y crea algo tan sólido como dicha memoria que con sus recuerdos afectan al propósito evolutivo pues condicionan la personalidad y por lo tanto la forma de ver y actuar en la vida. 

Esta memoria contiene siempre la emoción de lo ocurrido, y este hecho hace que no caiga en el olvido, que se haga latente y presente. Pero por lo contrario, en dicho olvido, en la ausencia del recuerdo o en la neutralización del sufrimiento, reside la aceptación, la comprensión, el perdón y la compasión hacia el agravio sufrido o infringido.

Cuando este campo energético de información se libera entonces te parece no recordar, no tener memoria, te pareces a un niño sin conocimiento, por lo tanto con mucha más felicidad, esto hace florecer o intensificar la acción del hemisferio derecho y emotivo, viviendo y sintiendo, es decir. interpretando la realidad de forma original, no filtrada por el análisis mental y de forma primigenia o inocente, como lo haría un niño. 

Per cuando el ser humano crece y se responsabiliza de sus actos, comienza a absorber el conocimiento de la vida y a veces en dicha responsabilidad se pierde la felicidad y la alegría. En la inocencia, en la niñez, hay ausencia de conocimiento y por lo tanto hay más cabida para la felicidad. El conocimiento te recuerda de que adoleces, donde existe aún dolor y por lo tanto donde debes centrar tu atención para resolver lo que es aún un problema en tu vida.

El conocimiento es vital para desarrollar el carácter y la personalidad. La personalidad se expresa en toda acción presente y contiene en si misma el carácter que es la información de todo lo anteriormente vivido y de lo aprendido entre la infancia y adolescencia. Esto condicionará el trabajo del hemisferio derecho y emotivo.

El bloqueo de los hemisferios cerebrales impide la llegada de la información al lóbulo frontal y el desarrollo intuitivo de la glándula pineal, provocando una disfunción de la consciencia. Cuando esto ocurre no se puede pensar con claridad y se activa el cerebro reptil, o cerebelo. Entonces el universo determina todas tus acciones, las leyes de la evolución como la de causa y efecto actúan tan rápido y tan contundentemente que te obligan a despertar y a tomar las riendas para lograr cambiar tu vida.

Este es el momento de la apertura de la consciencia que liderará toda la acción de tu vida, es una prematura madurez, pero madurez al fin y al cabo. Aunque sin embargo llega en el momento de mayor saturación mental y emocional donde te das cuenta que te has convertido en un adulto, es decir te has adulterado y es por este hecho que necesitas despertar a la consciencia de ser, que determine tus actos sin condicionantes egoicos, lejos de las circunstancias y más cerca de las pretensiones personales del alma o espíritu.

Esta búsqueda interior, previa a la madurez, te permitirá calmar el dolor y las emociones. El ser humano puede trascender dicho momento más allá de la afectación del presente para tomar perspectiva de su verdadera naturaleza, donde se permite comprender su realidad y aceptarla.

Después de este renacimiento se produce un cambio en la función cerebral, la comprensión entre los hemisferios anula el cerebro reptil y activa ahora si el lóbulo frontal y la glándula pineal. Cuando esto ocurre la comprensión que se tiene de la vida y su aceptación crea una empatía que despierta en el ser humano su corazón. La energía del corazón, o un acto de amor es la proyección externa de la mente consciente, del lóbulo frontal y la glándula pineal totalmente activos.

La comprensión, desde un estado de calma o paz interior de lo vivido, permite modificar la vida llevándola a la excelencia a la ausencia de enfermedad y a la salud. Es decir nos permite salir del momento de ausencia creativa e ir hacia el proceso de renovación de la vida...




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