Demasiado pensar, no pensar...

Nuestra condición humana ha evolucionado durante miles de años pero es en esta última era donde el ser humano ha domesticado sus instintos y su capacidad de sentir y percibir. Por lo que ha perdido la capacidad de comprensión de la vida a través de sus sentimientos, y estos han quedado relegados a un segundo plano. 

Se ha impuesto en este último gran tiempo la evolución de la lógica, de la razón y por lo tanto de la mente y el pensamiento. De forma general nuestros pensamientos no han estado guiados por sentimientos de armonía o amor, sino que se han basado en las formas de manifestación del ego.     

Esta disociación entre razón y corazón ha delimitado mucho nuestras vidas y sus diferentes formas de existencia, además hemos llegado a aborrecer las religiones, cuyo propósito fue crear un vínculo entre dichos puntos, un punto de equilibrio entre la razón y el corazón, un lugar donde todo pueda convivir en armonía.

Sin embargo en los últimos años hemos necesitado de este punto medio, de la quietud de los pensamientos y de la calma de las emociones para buscar nuestra medida de paz, y nuevas formas de entender la vida, desde cualquier filosofía de carácter abierto, han tenido gran calado en todos aquellos que buscamos comprender ciertos aspectos que nos cuestionamos en nuestro interior. 

Por todo esto, para escuchar nuestra voz interior debemos dejar de pensar, pensamos demasiado. Vivimos una vida programada por nuestro sistema cultural, económico, político e incluso religioso donde no paramos de pensar en todo el día cual será nuestro siguiente paso.

Demasiado pensar, no pensar, esta es la cuestión. el pensamiento es de carácter algorítmico, y valora sólo los extremos de cualquier experiencia o acontecimiento, esto es debido a los dos tipos de hemisferios cerebrales que poseemos, uno de carácter analítico y racional, y el otro emotivo. además estos guardan las informaciones de lo que hemos vivido cada uno en una región del mismo llamada lóbulo temporal. Con todo esto se crea un algoritmo entre estos dos puntos extremos y duales en cada pensamiento que nos conduce a una acción en la vida.

Saber si este pensamiento, resultado de todo lo que somos y pensamos, será ó no el mejor para nosotros y nos acercará más a un estado de armonía o felicidad ya es otra cuestión. Puesto que no somos perfectos y vivimos dentro del ensayo y error, los lóbulos temporales contienen la información del error, para depurarlo en cada paso de la vida, para enmendar todo resultado negativo o sufrido, no olvidemos que esta vida es un camino hacia la felicidad y para ello el error debe estar presente, nos guía en el camino y no deja que nos despistemos.

Pero las consecuencias del error es que condiciona siempre el resultado, de ahí que debemos dejar de pensar, no pensar de forma dual o hemisférica, y pasar a percibir e intuir. Esta intuición de la realidad se sostiene desde la gandula pineal y el lóbulo frontal, dejando atrás el pensamiento hemisférico y a través del pericardio, la bolsa que cubre el corazón, el propio corazón y la glándula timo se crea la capacidad de percepción. Anudando intuición y percepción los pensamiento son libres, y es aquí donde reside realmente el libre albedrío con mayúsculas. Dejemos de pensar y escuchemos nuestra voz interior...   



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